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30 del 11 de 2018

A mi amigo José Marín Tortosa, por Paco Gómez


Más conocido por amigos y gentes del lugar como “Pepe Marín”.
El trabajador incansable; el amante padre y abuelo. Siempre pendiente de los suyos.

Pepe, como tu sabes, yo no sé escribir; y menos expresar este sentimiento, tan duro y melancólico. Por eso recurro a los poetas; y, en este caso, a Miguel Hernández ¡quién mejor que él para expresar el dolor de haber perdido a un amigo!
Por eso tomo prestados sus versos en la Elegía a su amigo Ramón Sijé. Si bien solo tomo unas pocas estrofas.
¡Va por ti, Pepe, amigo mío!

En Enguera, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Pepe Marín, con quien
tanto quería.

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
Compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por dolor me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.


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